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Identidades sexogenéricas

La construcción de la identidad desde las perspectivas antropológica y psicoanalítica


 

El pasado 21 de septiembre de 2018 se celebró en la sala María Victoria Oliva de Cal Muns una mesa redonda sobre “Identidades sexogenéricas”, con motivo de la inauguración del curso académico de la Sociedad Española de Psicoanálisis (SEP). La mesa reunió a Jordi Mas -doctor en Antropología Social, profesor e investigador en la Universitat de Barcelona- y a Marta Areny -psicoanalista y coordinadora del Departamento de Niños y Adolescentes de la SEP-. La intención era hacer dialogar la perspectiva antropológica del estudio de la construcción social y de la diversidad cultural con la psicoanalítica del estudio de la construcción del sujeto y de las relaciones.

 

La cuestión de las identidades sexogenéricas ha ido haciéndose más presente en nuestra sociedad contemporánea a través de la experiencia de muchas personas y de los movimientos que, tanto desde el activismo social como desde el mundo académico, reivindican la conquista de derechos y denuncian las estructuras sociales de imposición normativa. Para los profesionales de la atención a la salud mental es un tema ineludible que cuestiona nuestra práctica y nos obliga a repensar tanto las teorías sobre la sexualidad y la construcción de la identidad en el sujeto, como la metodología de nuestra praxis.

Perspectiva biopsicosocial y enfoque comunitario

Foto: psicoteràpiaLos vertiginosos cambios que estamos viviendo en la sociedad actual nos exige reenfocar de nuevo nuestro análisis en la plurideterminación y la complejidad de la subjetividad, en su ineludible factor social y relacional que hace que lo natural en el ser humano sea ser cultural. El diálogo entre la antropología y el psicoanálisis que se dio en la mesa junto a la preocupación por la atención a las personas que la audiencia puso de relieve en el debate, nos aleja de los engañosos reduccionismos que en las últimas décadas estamos sufriendo en el ámbito de la Salud Mental, fruto de la invasión de las visiones más biologicistas. Este análisis recuerda la importancia de la perspectiva biopsicosocial en la atención a la Salud Mental y un enfoque comunitario que refuerce los recursos de lo social y evite las etiquetas diagnósticas como forma de paliar los condicionantes psicosociales de la injusticia.

La perspectiva antropológica

Foto: psicoteràpiaEn su intervención Jordi Mas recordó como la antropología estudia la diversidad cultural, lejos de la búsqueda de universales y de la valoración moral que la pertenencia a una determinada cultura puede introducir en la observación. Sin embargo, después de los estudios de Malinowski y a pesar de haberse dedicado durante tiempo al estudio de los sistemas de parentesco, esta disciplina ha mantenido un largo silencio en relación con la sexualidad. Según Mas esto ha sucedido por su afán cientifista que la llevó a ir abandonando cualquier estudio de fenómenos ligados a la subjetividad y que implicara el análisis de sentimientos, deseos… todo lo que la alejara de la pretendida objetividad científica.


Pero el fenómeno de la aparición del SIDA en los 70 abocó a una serie de antropólogos a comprometerse con el estudio de la sexualidad. Así aparecen registros etnográficos de fenómenos sexogenéricos de otras culturas. Mas citó a modo de ejemplos el trabajo de Walter Williams (1992) sobre el transgenerismo en pueblos nativos de Norteamérica y que recogió en su libro The Spirit and the Flesh. En el describe la creencia de esos pueblos en la posibilidad de que algunas personas nacieran con el espíritu de los dos géneros. Por otro lado recordó el trabajo de Glibert Herdt (1992) Homosexualidad ritual en Melanesia, en el que se analizan las felaciones rituales para masculinizar a los varones adolescentes que hasta ese momento no eran diferenciados por su sexo en el trato dado a niños y niñas. La importancia de estos estudios reside, según Mas, en la descripción de fenómenos que no pueden ser interpretados con nuestros parámetros culturales cuestionando normas sociales que desde nuestra cultura vemos como naturales.

El establecimiento de la antropología de la sexualidad coincide con el surgimiento del movimiento de liberación homosexual y la tercera ola feminista, así como con la desclasificación de la homosexualidad como trastorno en el DSM (1974) y la inclusión en 1980 de la transexualidad en el DSM-III. La antropología de la sexualidad incide así en la problematización de los postulados centrales del sistema de sexo/género de la cultura occidental, criticando el patriarcado junto con los movimientos feministas y la heteronormatividad y la cisnormatividad (correlación entre la morfología corporal y la identidad y rol de género) junto con los movimientos LGTBI. De esta forma, apunta Mas, a partir del siglo XXI proliferan en el Estado español los estudios críticos sobre la patologización y la medicalización de las personas trans e intersexuales, así como sobre la masculinidad hegemónica que criminalizaba a las personas gais con el pretexto del VIH.

Foto: psicoteràpiaFrente a este fenómeno el modelo médico suscribe una teoría biologicista sobre la transexualidad proponiendo la explicación de que durante el desarrollo intrauterino el cerebro sufre algún tipo de alteración por la que se sexualiza en sentido inverso al cuerpo. Así la biomedicina ofrece el tratamiento hormono-quirúrgico para adecuar las características físicas a la identidad sentida. En este sentido y acompañando su crítica al reduccionismo, Mas recordó el concepto de “nominalismo dinámico” acuñado por el filósofo canadiense de inspiración foucaultiana Ian Hacking. A través de este concepto Hacking describe como la creación de una categoría humana, en este caso por la institución médica, ofrece nuevas posibilidades de ser y existir a las personas que pueden suscribirse a ellas en la construcción de su identidad. Se produce así un efecto bucle de interacción entre las personas y la construcción de la categoría que se van ajustando mutuamente y conformando una realidad que a su vez sigue siendo estudiada.

La perspectiva psicoanalítica

Foto: psicoteràpiaMarta Areny en su exposición subrayó la importancia de un análisis interdisciplinar sobre una cuestión tan ligada a los actuales cambios sociales y reivindicó la necesidad de un tiempo para comprender fenómenos que ocurren antes de que los comprendamos, un tiempo necesario para que se despliegue una transferencia que nos puede ayudar justamente a comprender.

Areny recordó el abordaje inicial del psicoanálisis desde el concepto de psicosexualidad, señalando que para Freud la anatomía era el destino desde una bisexualidad innata. La idea de una bisexualidad innata no ha sido seguida por todos los psicoanalistas con el mismo vigor, y no es hasta que en 1968 Robert Stoller acuña el concepto de “identidad nuclear de género” que se empieza a hablar de género en el psicoanálisis.

En su presentación se hizo eco de los diferentes cambios sociales que presionan a la revisión de la teoría y de la clínica. Los cambios en la configuración de la familia, la revolución en los tratamientos de reproducción asistida, los cambios promovidos por las redes sociales en la concepción de la intimidad, los cambios legislativos en relación con los derechos de las personas que quieren cambiar su identidad sexo-genérica. Asimismo, se hizo eco del aluvión de información a través de los mass media, el cine, la literatura y el propio activismo político, que considera impacta a lo clínicos, generando extrañeza a la par que ayudando a ganar consciencia sobre los cambios sociales que vivimos.





En relación con la praxis de la intervención subrayó la importancia de considerar la fantasía, diferenciándola de la realidad, en los procesos de elaboración del sujeto. Alertando del riesgo de que las respuestas rápidas del entorno, incapaz de leer más allá de la demanda manifiesta, interrumpa estos procesos. En este sentido recordó el concepto de “colapso tópico” de Claude Janin, cuando no se da un espacio para el juego y la fantasía en niños y latentes, contribuyendo a la confusión entre fantasía y realidad.

En este mismo sentido alertó sobre la confusión que también se puede generar cuando se intenta hacer pedagogía con los niños sobre las diferentes identidades sexogenéricas sin tener en cuenta su momento evolutivo. Fenómeno que relacionó con el de la “confusión de lenguas” que describió Ferenczi, en el intercambio entre el lenguaje tierno del niño y el sexualizado del adulto.

La ponente terminó su presentación con tres viñetas clínicas. El primer caso de Susan Coates, extraído del libro Identity, Gender and Sexuality, una revisión sobre el tema editada por Peter Fonagy, Rainer Krause y Marianne Leuzinger-Bohleber exponía el caso de un niño de tres años con fantasías de cambio de género (trastorno de la identidad de género en la infancia). A través del caso se mostraba la importancia de explorar las fantasías inconscientes del niño en el contexto de un duelo no elaborado de su madre en relación con la interrupción de un embarazo anterior de una niña. Los dos siguientes caso de Simona Argentieri y extraídos del libro Tranvestim, Transsexualism in the Psychoanalytic Dimension, editado por Giovanna Ambrosio, mostraban sendos casos de transvestismo y transexualidad. En el primero se ilustraba, a través de la experiencia de un hombre de 43 años, el equilibrio que el transvestismo ofrecía en el desarrollo de sus cadenas de identificación con las figuras materna y paterna, a la par que introducía el debate sobre la definición de patología en las conductas. El segundo caso de un chico transexual de 27 años, relacionaba el proceso de transformación con las dificultades de integración de la feminidad y abría el debate sobre el colapso de la simbolización cuando el pensamiento queda fijado a la concreción del cuerpo.

El acompañamiento y la intervención

En el debate que siguió a las presentaciones surgieron reflexiones en torno a la dificultad de acceso actual de estas personas a las consultas de atención. ¿Se trata de una dificultad de pedir ayuda ligada a sus aspectos narcisistas? ¿O es el resultado de las actitudes de rechazo y patologización que los servicios mantienen y desincentivan la aproximación?

Tanto desde la perspectiva antropológica como desde la psicoanalítica se estaba de acuerdo en que la construcción de la identidad es un proceso que requiere de tiempo, elaboración y acompañamiento por parte del entorno. Desde este punto de vista se cuestionaban las intervenciones rápidas, sobre todo en la infancia, que obturan o destruyen los procesos de elaboración y desarrollo. En este sentido se apuntaron también interesantes reflexiones en torno a la diferenciación entre orientación sexual, identidad de género y relación de objeto

Otra de las cuestiones subrayadas fue la importancia de formación y actualización de los clínicos en este campo al considerar los prejuicios que la propia condición del clínico puede generar. Así el concepto de “competencia cultural”, fuertemente arraigado ya en la psiquiatría transcultural que trata personas migrantes, podría ser aplicado también en este campo en el que los cambios culturales se están produciendo sin migración geográfica.

Jorge Tió
Psicólogo clínico, psicoanalista y psicoterapeuta del Equipo de Atención al Menor (EAM). Sant Pere Claver – Fundació Sanitària
Moderador de la mesa



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