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El educador social como acompañante terapéutico

Reflexiones acerca de la intervención
socio-educativa con adolescentes con trastorno mental grave



Sergio Sánchez Ramírez. Educador Social
Hospital de Día para Adolescentes. Sant Pere Claver-Fundació Sanitària.

En este artículo abordo la figura del educador social en la intervención terapéutica en adolescentes con trastorno mental grave además de señalar la importancia de cambiar la mirada y la posición que la sociedad adopta ante esta psicopatología.

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Cuál es la labor de un educador social dentro del ámbito de la salud mental? En concreto: ¿qué función tiene en la asistencia terapéutica?, ¿podemos mejorar nuestra asistencia a los adolescentes con trastorno mental grave? y ¿qué papel juega la sociedad en esta labor?

En primer lugar, quiero detenerme en la connotación del término educar. La educación, que proviene del latín educere "guiar, conducir" o educare "formar, instruir", puede definirse como: el proceso multidireccional mediante el cual se transmiten conocimientos, valores, costumbres y formas de actuar. La educación no sólo se produce a través de la palabra: está presente en todas nuestras acciones, sentimientos y actitudes.

Además, el educador también tiene la responsabilidad con el educando (el alumno) de cuidarlo y preservar lo nuevo que cada sujeto aporta a lo social en su proceso de socialización. Algo así como proteger y transmitir los conocimientos y los valores tradicionales, pero también integrar la riqueza que lo nuevo nos aporta. Lo que coloca a la tarea educativa en una constante tensión dialéctica.


El educador social como agente activo y acompañante terapéutico

En particular, en el ámbito del Hospital de Día para Adolescentes el educador social es un agente activo que interactúa en el proceso terapéutico que cada adolescente tiene marcado. Es una pieza más del puzzle que pretende dar una atención terapéutica integral.

Educador social terapéutico
La existencia de un equipo multidisciplinario es la clave y la comunicación e intercambio de información será de suma importancia para la evolución positiva del paciente en cuestión. "El acompañante terapéutico activa la estimulación de los aspectos más sanos de la personalidad del adolescente"

Se trata de un trabajo de continuidad. El principal objetivo es mejorar la condición de vida, acercarla a la realidad a través del fortalecimiento del yo, de un ajuste en las relaciones interpersonales y una percepción más clara de su propia existencia en el mundo.

La función del acompañamiento terapéutico se convierte en complemento y extensión de la labor de la psicoterapia o de la terapia de grupo. Es decir, ofrece una mayor oportunidad para elaborar el contenido psicoterapéutico.

"Con el acompañamiento terapéutico se crea un modelo de identificación que a través del vínculo enseña cómo interactuar y reaccionar frente al entorno"

Promover el desarrollo psíquico del adolescente

Con respecto a la intervención del educador social como acompañante terapéutico, hay que señalar que su gestión se adapta constantemente a la particularidad de cada uno de los jóvenes. De este modo, el marco de intervención es flexible e “itinerante” y el fin es siempre el mismo: promover el desarrollo psíquico del adolescente.

Llegados a este punto, quisiera detenerme en el que considero que es el ámbito de intervención de un acompañante terapéutico, quien a mi parecer realiza su labor en lo social. Sin embargo, creo que en Salud Mental muchas veces se trabaja desde una concepción equivocada del término "social". Me refiero a que esté donde esté, el adolescente nunca deja de estar dentro de la sociedad. El problema estriba cuando este “estar en la sociedad” pasa por ser el diferente y el enfermo en la escuela, en la familia, en el barrio o en el hospital. Es decir, formar parte como dice el psicólogo Leonel Dozza de lo "social psiquiatrizante". El trabajo del acompañante terapéutico consiste en que este paciente pase a formar parte de lo "social socializante". Así pues, lo social no es tanto el lugar o el espacio físico como en sí la manera de abordar a la persona.

Varios autores han señalado que el problema en la psicosis no es tanto la falta de habilidades, sino más bien la imposibilidad de usarlas debido a un derrumbe afectivo que el paciente sufre. Sus emociones están estáticas o congeladas. De esta manera, el trabajo se centra en dar movimiento a esas emociones y en descongelar la parte afectiva de estas personas, despertar sus intereses y ayudarles a existir por sí mismos.

Aquí seria interesante recordar cómo se constituye la subjetividad de un niño. En términos muy sencillos, diríase que un niño empieza a sentirse capaz, inteligente, autónomo, etc… en la medida en la que sus padres lo miran como tal. En este caso, la subjetividad de un paciente psicótico se constituye en función de cómo sus cuidadores –terapéuticos- le miran e interactúan con él -función especular (Winnicott, 1965)-.

La inserción social de nuestros pacientes no tiene que ver exclusivamente con espacios físicos (el hospital, la calle, etc…) sino con los espacios vinculares que se establecen entre profesional, paciente, familia, comunidad e institución. En definitiva, lo social -psiquiatrizante o socializante- es un espacio vincular.

El acompañante terapéutico activa la estimulación de los aspectos más sanos de la personalidad del adolescente. Así pues, funciona como mediador y catalizador entre el funcionamiento psicótico y el entorno social en el que se encuentra el/la joven.

Para finalizar y volviendo a las primeras definiciones de qué entiendo por educación, decir que un acompañante terapéutico debe de servir como modelo de identificación y a través del vínculo enseñar diferentes formas de interactuar y reaccionar frente a su entorno.

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